martes, 8 de mayo de 2012

Estereotipos II

  La etapa de estudiante universitario, es sin duda una de las más lindas en la vida de todo ser humano -sí, es necesario empezar con clichés-. Una era de descubrimientos y aprendizajes que nos marcarán por el resto de nuestras vidas -también es necesario lo cursi-.
  Sin embargo, al momento de hilar fino, en lo que cuestiones académicas respecta (hacemos referencia al HCS -Horas Culo silla-, que requiere toda carrera), el alumno promedio sólo presta atención un 30% de los minutos que la hora cátedra tiene. Pero la culpa no la tiene él.
  Un estudio basado en mi cotidiano, me ha dado la posibilidad de redactar la siguiente clasificación de distracciones áulicas:

  El dibujante: No falta en ninguna materia, este personaje muy peculiar -que por supuesto abunda en los pasillos de Bellas Artes-. Su procedimiento es indescifrable, simplemente se sienta y hace del garabato una obra de arte. Alrededor de él (en aproximadamente cinco bancos a la redonda), los compañeros tratan de mirar -disimuladamente- cómo se expresa esta criatura. Está claro, que lo que se apodera de estos chusmas de la caricatura, es un sentimiento insuperable de frustración. Ellos lo han intentado, pero han fracasado en el intento; horrendas pseudocaras y simbolitos abundan en los márgenes de sus cuadernos.
   Rango en la escala de distracción: 5,6 pepitos.

  Los que todo lo apuntan: Estos abominables seres son víctimas de innumerable cantidad de hechizos conocidos como "mal de ojo". Son personajes infaltables, que desde el minuto cero aprietan la Bic trazo grueso contra el cuaderno y no la levantan hasta el final. El problema con ellos, reside en el sentimiento de inferioridad que generan en quienes, han dejado de prestar atención y no saben ni dónde están, o en quienes han dejado de apuntar considerando que el profesor está yéndose por las ramas.
  Rango en la escala de distracción: 7,2 pepitos.

  Los conversadores: Seamos justos, todos alguna vez formamos parte de esta secta. Por suerte, sólo molestan a los ñoños del aula, ya que el resto ha aprendido a convivir con el murmullo de las anécdotas de verdulería.
  Rango en la escala de distracción: 3,2 pepitos.

  Los que acotan: La peor lacra del sistema educativo. Son despreciables, arrogantes. Viven para redondear lo que los profesores dicen, por la simple aprobación de quienes detentan el poder en este anacrónico sistema educativo. Son los mismos que cuando un docente hace una pregunta retórica como "¿se entendió?", gritan que sí.                                                               
  Rango en la escala de distracción: 9,0 pepitos.
                                                                                          
  Los humoristas: Siempre tienen el remate "justo" -a criterio de ellos, claro-, para acotar lo que estudiantes y docentes dejan picando. Ojo, no todos son malos, pero el problema es que los malos son una mayoría difícil de combatir. Un síntoma de la mediocridad radica en la repetición del chiste, cuando éste no fue oído en la primera pronunciación. Sea solidario, no los celebre; las risas los alienta a reincidir.
  Rango en la escala de distracción: 5,0 pepitos

  Las agrupaciones: Éste, es un caso particular; que nos distraigan no quiere decir que sean malos. Son los que entran a recitarnos lo que ya leímos en el papelito que nos dieron cuando llegamos. A veces son una buena forma de recreo en clases tediosas.
  Rango en la escala de distracción: 3,9 pepitos.

  Los ringtones: Con las nuevas tecnologías, las facultades se han poblado de apéndices de los estudiantes. Hoy en día, la necesidad de un celular parece innegable, pero con ello, llega un gran problema. La polifonía y los mp3, han tornado en pandemia. Teléfonos que suenan y nos tienen 20 minutos tarareando a Cerati, a los Beatles o la canción del Mario.
  Rango en la escala de distracción: 6,4 pepitos.

  El y la que están más fuertes que el primer pis de la mañana: Acá sobran las palabras.
  Rango en la escala de distracción: 6,2 pepitos.

Entonces. Después no digan que no les avisé.





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